El nombre de la rosa puede interpretarse como una parábola pos-posmoderna de la investigación científica

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“La situación actual, repleta de incertidumbres y consignada a un espacio cerrado, puede acabar siendo un enemigo letal para gestión de las emociones. La literatura, como en tantas otras ocasiones, acude al rescate.” Conversamos con Marina Lomar, escritora, que en su última obra Trampantojo, nos habla de la complejidad de las relaciones entre las personas, en un entorno abrumador, como la vida misma.

Marina Lomar

Ha aceptado participar en el ciber encuentro con Miguel Angel Quintanilla, el 10 de junio, y ha elegido como escenario de su propuesta de reflexión el texto titulado: “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco, en el que se afirma: El nombre de la rosa puede interpretarse como una parábola pos-posmoderna de la investigación científica.”

“En efecto, la narrativa es también el escenario donde el conocimiento científico se manifiesta”, afirma Marina. Y hace referencia a un artículo de Benjamín Prado, en El País, titulado La medicina como musa literaria: “De Chéjov a Baroja, pasando por Flaubert, Agatha Christie, Ramón y Cajal o Whitman, las letras y la ciencia han corrido paralelas.”

La cuestión que plantea se refiere a la importancia de la narrativa como transmisora del conocimiento científico y viceversa: “Mis actividades como médico han tenido una fuerte influencia en mi trabajo como escritor, ampliando notablemente mi campo de observación y de percepción”, decía Anton Chejov.

Jorge Wagensberg, en El pensador intruso, habla de la acción complementaria entre ciencia y literatura. Donde la ciencia pierde la licencia para imaginar, la literatura aporta otra manera de interpretar la realidad, la contextualiza con libertad.

Sobre todo, porque nos importa la puesta en valor de la narrativa que aporta criterios que traducen el conocimiento científico en propuestas de valores, de actitudes, etc. Ocurre con Siri Hustvedt, con Olga ToKarczuk, con Yannick Garnnec, etc.

Marina Lomar acentúa su inquietud por la desconsideración que se hace de la ciencia ficción: “No entiendo por qué el relato de acontecimientos posibles, desarrollados en un marco imaginario, cuya verosimilitud se fundamenta narrativamente en los campos de las ciencias físicas, naturales y sociales, no es valorado por su importancia  para revelar el conocimiento científico y sus posibles derivaciones en propuestas, que nos aproximan a la ciencia desde una perspectiva inquietante y, por tanto, seductora.”

Esta será mi pregunta: ¿Cómo podemos los escritores introducir el conocimiento científico  en nuestros textos de forma que resulte atractivo, comprensible y eficaz para los lectores?

Y, además: ¿Cómo generar confianza en el lector, si el autor no es un científico?

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